
Hace ya dos meses que entregué el proyecto del master que he estado estudiando durante el último año. Supone el final de mi vida académica. Por ahora. He pasado casi toda mi vida estudiando. Son 20 de 24 años. Se me hace necesario hacer una revisión desde el principio. Esto es largo.
Colegio
En el colegio estudié desde los 3 a los 14 años. Era un colegio público, el Pío XII de Santiago de Compostela. Está en una zona increíble, entre la Alameda y el Campus Universitario, rodeado de parques. No sé cómo son ahora los colegios públicos, pero este estuvo bien. Tengo muy buenos recuerdos, aunque cada vez más lejanos. Maldito paso del tiempo. Conservo muchos amigos de aquel tiempo. Los profesores crearon una buena base. Según la gente, ahí ya era un empollón.
Instituto
Muy cerca del colegio Pío XII está el instituto Rosalía de Castro, entre la Alameda y la zona vieja de Santiago. Es un edificio increíble. Los recuerdos aquí son mucho más fuertes y me permiten dar una opinión mucho más fundada. Los primeros años fueron de pura adolescencia y eso lo nubla todo. Seguí aprendiendo, con buen ambiente, con buenos resultados, pero la edad del pavo hizo que lo académico no fuese tan prioritario. En ese sitio ya había mujeres y era necesario mirarlas, de lejos, nerd-style.
La segunda etapa, durante el bachillerato, fue muy distinta. Tuve la suerte de estudiar el Bachillerato Internacional en un centro público gracias al dinero del Concello de Santiago. Si ya tenía aptitudes para ello, allí terminaron de nerdizarme. Trabajábamos mucho, pero a día de hoy no dudo que mereció la pena. El ambiente era además muy bueno, con los compañeros y con los profesores, que nos trataban por primera vez como adultos. Todos los institutos del país deberían ofrecer la posibilidad de cursar el BI. Quizá no sea para tanto, pero la perspectiva docente, el nivel de exigencia y el ambiente merecen la pena. Intento no parecer snob… mis amigos ya se han metido lo suficiente conmigo por hablar de esto.
Universidad
Estudié en la Universidade da Coruña, en la Escuela de Diseño Industrial de Ferrol. Fue la peor experiencia. Momentos muy complicados, a veces cosas inexplicables.
Por supuesto había cosas positivas, algunos profesores realmente motivados y vinculados con los alumnos, con buenas capacidades docentes y buen trato. Tengo buenos recuerdos de los profesores de Historia, cuyas clases tenían el mismo resultado que unos ejercicios motivacionales: entrabas queriendo dejar la carrera y salías sabiéndote Peter Behrens. Había algún profesor geek, necesario en toda ingeniería, con la idea de convertir el coprocesador de cálculo de un 286 en un llavero. También maestros de la vieja escuela, de escuadra, cartabón y lápiz. “Señor Sabel, ¿cuánto ha pagado a su sobrinito para que rotule este cajetín?“.
Por supuesto aprendí mucho, por descontado. De las clases, pero también de las bofetadas o de algunos de mis compañeros. Largas noches de proyectos y comida basura, conceptos inseparables. Gente que no olvidaré y gente que creo haber olvidado. Cianocrilato en los dedos, incluso en los dientes: “¿Es muy malo tragar ciano?” – “No sé, ¿qué pone que tiene?” – “Cianuro“. – “Ouch…”
Por supuesto volvería a estudiar lo mismo, pero a pesar de estas y muchas otras cosas positivas no sería en el mismo lugar. La falta de respeto y de aire tienen la culpa.
Master
Esto está aún muy fresco. A estas alturas no se hace necesario ser amigo de todos tus compañeros, ya que son sólo eso, compañeros. Aquellos que te interesan se convierten en amigos. Por ese lado, genial.
Académicamente es una experiencia completamente diferente. El cambio de lo público a lo privado. El cambio de lo académico puro a algo con un punto innegable de servicio prestado. Las conclusiones son buenas, si bien detalles derivados del carácter privado de la escuela me han hecho pasar malos momentos. He sufrido la cancelación de un curso que esperaba muy motivado debido a un bajo número de alumnos, por tanto, por su baja rentabilidad. Estas consideraciones en el sistema público son mucho más laxas.
He aprendido muchas cosas, aunque lo mejor ha sido poder ver la profesión desde muchos puntos de vista diferentes. Saber que para llegar de A a B hay multitud de caminos, y que a veces, simplemente, el viaje no debe ser hecho.
¿Entonces?
Voy a seguir estudiando. Tan sencillo como eso. Porque ha merecido la pena, porque me gusta aprender y saber y porque lo necesito. Sin embargo no será ahora; estoy muy ocupado en el trabajo, y tengo mucho que aprender ahí. En uno o dos años me matricularé en algo. Todavía tengo que descubrir en qué.
He robado la fotografía que acompaña la entrada de Flickr. Es la clase de Tercer Curso del colegio público número 179 del distrito de Brooklyn, Nueva York, de 1968.










Y yo que te buscaba entre los alumnos de la foto!!
jeje, lo de la universidad fue lo mejor mig. LLegamos a tiempo para conocer a Bernard y ha sido en ferrol porque muchos de nosotros tambièn estàbamos allì, si te hubieras ido a valencia o madrid, allì nos hubièramos encontrado!
No! Finalmente ir a Brooklyn al cole nos quedaba un poco a desmano, así que mis padres decidieron matricularme en Santiago
La universidad tuvo cosas muy buenas! Conocí a gente increíble, aprendí mucho, descubrí lo que creo que quiero hacer y, sobre todo, lo pasé muy bien. Pero aún así sigue siendo lo peor, pasé algunos momentos malos y vi a gente pasarlos mucho peores. Pero! La entrada no es para ahondar en eso, es pasado.
Muy bueno el resumen, la frase de Don Ignacio es una de esas que te quedan grabadas en el recuerdo para toda la vida…
Un saludo amigo.
Me alegro de que te guste! Os perdí la pista a unos cuantos, espero que allí donde estés todo te vaya genial.
Un abrazo